Respondo:
Yo no quería verte levantar.
No quiero nada de tu nombre.
Tu existencia no es nada.
Tu silencio condena
en las altitudes más frías,
y de ellas eres esclavo,
cómo lo soy yo de mis versos
cuando acudo a ellos
para gritar a la memoria;
-desvanecida suerte
del que pudo vivir-
Yo no fui soldado.
La sangre que derramé,
la derramé por que quise,
y nadie me quitó nada
que no fuesen ilusiones.
Arrebaté el sentido a la suerte,
y por soñar poesía,
soñé toda mi vida
para soñar que todavía,
existen sensaciones.
En el tiempo compruebo
que la humanidad sigue
sin saber a dónde camina.
En este momento
compruebo que sigue
palpitando el verso al alma,
que los poetas no se han olvidado
de cómo sacudir las arterias ,
y en un beso, aún se reciben, dos almas confundidas.
Alzo la voz con los corintios
y le devolvemos a Pablo
toda su primavera.
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