sábado, 26 de agosto de 2017

Como un dios.

Como un dios
que mira
a sus ángeles,
y de entre ellos
ve plumas rojas,
y un pretoriano
bien pagado
que sucumbió
al placer
que da el dolor;

-El fue como un hermano
que huyó
a la sombra
de mi voz-.

Hoy tengo,
siempre tengo
que castigar tu pecado;

-porque de flores
y poetas gimen los cielos-

Ahora, el amor
que mataste,
llama a mi puerta
para hacerse eterno.

Y tú qué no encontraste
las risas del niño,
el corazón de una madre,
el pulso inquieto de un hermano,
la sonrisa clemente de un padre,
la maravillosa criatura
que se esconde,
vergonzosa de ropajes;

Sufrirás el viento
Y las respiraciones,
la consciencia ardiente
muy dentro de tu pecho,
y las lágrimas pendientes
que pagarás insuficientes
hasta que mueran los tiempos.