jueves, 23 de febrero de 2017

reflexiones

A veces tengo frio,
o sueño que tengo frio,
y me escondo en la luz,
en su cordialidad pasajera.

Otras siento frio,
o vivo que tengo frio,
y se escapa como un sueño
en su obviedad de madera.

Algunas me mudo de piel
y sorprendo miradas eternas,
quizá se hallan indecisas,
y sus mieles
se estancan con la marea.

Quizá ya no nacen desnudos,
de pies a perlas.

Y van perdiendo sus colocaciones
entre las fábricas, y lloran las madres,
sin que nadie las entienda,
ya los rios jugando con las piedras
ven el sonido que les moja
y el tiempo que les seca. 

martes, 14 de febrero de 2017

Reflexiones

Yo solo sirvo 
para calmar la sed del alma 
y para enjugar 
los labios agrietados 
que luchan 
contra el frío 
para pronunciar un verso.

Yo no sirvo 
para hacer calculaciones matemáticas, 
ni para comprender los ángulos, 
las celulas superpuestas, 
los rótulos de manzana o cristal.

Yo sirvo y soy siervo de la fragancia,
de todas las fragancias, 
de todas las cosas que tienen fragancia
o sueñan con tenerla, 
de otras muchas que crujen al reír 
y no verlas, de todas y todas,
las que rompen por tener 
y sueñan con abrazarla
y mueren queriéndola.

De todos, de todos, 
de los que son y serán
hasta que muera la piedra
o pierda su significado el soneto frio,
y nazca predestinada la primavera
a caer en tu invierno 
como al pasto cae el rocío.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Era cuerpo,todo cuerpo.

Era cuerpo, todo cuerpo,
unión vacía y descolgada
-viento y mentira-
era lo que es y fue lo que pudo
cabalgando en la madrugada
hasta el rocío, hasta el cristal,
hasta su cuerpo, solo su cuerpo
desde sus versos
hasta mi pecho
y desde su sabor hasta mi alma.

Era cuerpo, todo cuerpo
y la metafísica dejó de cubrirle
de amapola, y amé su valentía,
su marcada experiencia
el humo de su boca.

Era cuerpo, todo cuerpo
y miedo, mucho miedo
-desde el vientre a la derrota,
el calor de su cuello-
la sintonía de sus notas.

Era cuerpo, todo cuerpo,
como un madero infinito
como un árbol blanco,
era cuerpo, todo cuerpo,
como  un corcel herido
y un claro llano en
el que muere la sombra,
y va marcando un camino
entre las ramas y las multitudes.