Llegará el día en el que doble la esquina y sonría al encontrarme con la
muerte consciente de que ya no hay corazón que se pueda llevar ni alma que
pueda segar.
Tú te lo llevaste todo, no me dejaste nada más que este amargo recuerdo que
me acompaña en todo momento, que me hace llorar y sumirme en este ideal de tu
cuerpo, de tu mente, de ti.
Es cuanto menos gracioso que el destino me prive de saborear el dulzor de
tus labios pues jamás me dejó probarlos, quizá deba estar agradecido por no
haber probado la miel ni la manzana del pecado, de haberme quedado alejado de
lo que mi corazón por tanto tiempo ha ansiado, quizá todo sea por mi bien,
quizá, quiero pensar que es así. Pero que más da, yo sigo cantando al alba y tú
sigues en el ocaso, yo grito mis delirios al resonar del viento en el vacío, y
tú a pesar de que todo te había entregado, tú, desairado cupido, jamás me
hiciste caso.