domingo, 18 de noviembre de 2018

De la inteligencia nacieron altivos
cómo nace la nieve en la montaña;
sola y desnuda en las altitudes.


Su perspectiva es la de un mar de horizontes.
Su mirada, la de una infinidad de posibilidades.


Plagas de serpientes 
van golpeando sus caderas,
el gemido de un niño
ruge y las espanta
-Al menos un rato-
y sus silbidos ensordecen,
como una sábana sobre un cadáver.
Y la naturaleza lanza sus dados 
demasiado lejos
para ver lo que sale.


Yo me atrevo entonces
a pintarle los pétalos de nácar,
a regalarle los sonidos
que los oídos no alcanzan,
a ser viento arrodillado ante su altar,
a darle forma a sus ojos,
a derretirle las entrañas,
a vestirla de trigo
para cosecharla de plata,
a advertirle del tiempo
y su secreto más jodido;
De noche solo vive
lo que muere antes de mañana. 


Y a cada ladera
se desploma un corazón roto,
el sueño abatido
de un hombre bueno,
y en la cima pendiente
quedan otras importancias,
Y mi grito no vale nada
Cuando la música sube,
y la muerte me abraza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario