Me gusta la soledad porque en ella me hablan las cosas, y todo vale más que monedas en el viento.
Me gusta porque en ella susurra el niño y el olivo, aúllan el lobo y el inspector, ensordecen el cariño y el olvido, el recuerdo y un verso de dolor.
Se me hiela la sangre,
el rugido y la letra,
quiebran el olmo y el pino
siempre oliendo a primavera,
cuánto vino he bebido,
cuántas fieras por el camino,
cuánto amor entre las estrellas,
yo, solo, conmigo,
navegué entre espuma y vidrieras,
hacia la asimetrica belleza
del recuerdo de un loco,
y hacia las enredaderas,
y trepé por ellas un minuto,
como si el tiempo fuera mio
y nadie me entendiera.
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