Yo solo sirvo
para calmar la sed del alma
y para enjugar
los labios agrietados
que luchan
contra el frío
para pronunciar un verso.
Yo no sirvo
para hacer calculaciones matemáticas,
ni para comprender los ángulos,
las celulas superpuestas,
los rótulos de manzana o cristal.
Yo sirvo y soy siervo de la fragancia,
de todas las fragancias,
de todas las cosas que tienen fragancia
o sueñan con tenerla,
de otras muchas que crujen al reír
y no verlas, de todas y todas,
las que rompen por tener
y sueñan con abrazarla
y mueren queriéndola.
De todos, de todos,
de los que son y serán
hasta que muera la piedra
o pierda su significado el soneto frio,
y nazca predestinada la primavera
a caer en tu invierno
y nazca predestinada la primavera
a caer en tu invierno
como al pasto cae el rocío.
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