martes, 14 de febrero de 2017

Reflexiones

Yo solo sirvo 
para calmar la sed del alma 
y para enjugar 
los labios agrietados 
que luchan 
contra el frío 
para pronunciar un verso.

Yo no sirvo 
para hacer calculaciones matemáticas, 
ni para comprender los ángulos, 
las celulas superpuestas, 
los rótulos de manzana o cristal.

Yo sirvo y soy siervo de la fragancia,
de todas las fragancias, 
de todas las cosas que tienen fragancia
o sueñan con tenerla, 
de otras muchas que crujen al reír 
y no verlas, de todas y todas,
las que rompen por tener 
y sueñan con abrazarla
y mueren queriéndola.

De todos, de todos, 
de los que son y serán
hasta que muera la piedra
o pierda su significado el soneto frio,
y nazca predestinada la primavera
a caer en tu invierno 
como al pasto cae el rocío.

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