Apenas me dio tiempo a reconocer la diferencia entre envidia
y admiración, cuando mi corazón, enfurecido por las estupideces que amenazan la
esencia del ser, mandó un mensajero a caballo, que no bajo del galope hasta
llegar a mi conexión neuronal mas oculta para enseñarme que todo se echaba a
perder.
Se echaba a perder y ni siquiera lo que algunos denominan
como deidad, podía darse cuenta del terror que se acercaba, pero yo si, no digo
que me sienta superior, pero se ha formado en mi un pensamiento que como si de
una mutación aleatoria se tratase normalmente pasa en un solo individuo. Un
pensamiento que me transporta a tiempos mas oscuros.
Tiempos que no he vivido, pero que conozco porque hubo
corazones puros que desangrando la sangre en tinta plasmaron un terror que se
refleja en el espejo de la tecnología. No se dan cuenta. A apenas puedo
concretar mis palabras para hacerles sentir lo que tan solo mi pensamiento ha
visto. No hay forma de volver atrás, ¿ o si? No lo sé. Siento la necesidad de
prevenir al mundo, de advertirle de que las trompetas del día final ya se
escuchan desde lejos, pero absortos por la inmundicia de la industria no
escuchan, no escuchan!
Si los primero físicos, filósofos, químicos matemáticos se
levantasen, no solo se querrían morir otra vez, sino que admirarían al mundo,
mudos y atónitos con lágrimas de una esperanza putrefacta. Mirarán al horizonte
del conocimiento para ver un castigo divino tras haber liberado a los titanes,
la anarquía cunde en el universo y los dioses ya no están. El castigo de
Prometeo, no es nada con lo que se avecina, no sirve de nada el pelo de medusa.
Tan solo quedan los rescoldos de la ira de Ares, que ingenioso cual demonio,
fue capaz de erradicar todo origen de sabiduría para presentarnos lo que
crecería y nos haría creer, nos haría creer en una vanidad incesante de
mentiras, que promulgan un mundo mas fácil , un mundo lleno de valores
democráticos, y de ideales que se marchitan antes siquiera de haber nacido.
Esta quimera señores, se llama TECNOLOGÍA. Imploro a las
almas del mundo para que algún día sepan controlar esta quimera, esta bestia,
esta fiera en su favor, para utilizarla, para emplearla para realizar el bien,
siempre sujeta, siempre amarrada y nunca dejándola a su libre albedrío, ya que
eso supondrá el fin de la cultura que conocemos, el fin del ser que Aristóteles
llamaba social y racional.
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